Oración

La oración es comunión con Dios. Puede ser pública o personal, hablada o silenciosa. Los salmos son oraciones que cantamos; han formado parte de la oración comunitaria de la Iglesia desde sus inicios. La oración es comunicación con un Dios que nos ama y desea tener una relación con nosotros.


Jesús nos enseña la importancia de la oración. Los Evangelios registran diecisiete ocasiones en las que Jesús se apartó para orar. En las Escrituras, Jesús ora con frecuencia, mañana y noche. Ora durante los momentos cruciales de su vida y antes de ayudar a quienes lo necesitan. Jesús es un ejemplo de oración para nosotros.


La oración es esencial para vivir una vida católica plena. La principal forma de oración comunitaria de la Iglesia es la Misa.

También existen formas contemporáneas de orar. Hablar con Dios cada día, independientemente de la forma o las palabras que se utilicen, nutre nuestra relación con Él y la ayuda a crecer.

 

  1. La oración silenciosa o la meditación nos ayudan a centrar nuestros pensamientos en la bondad de Dios y nos ofrecen renovación en un mundo ruidoso y agitado.
  2. La Lectio Divina es una forma de orar con las Sagradas Escrituras. Busca un pasaje bíblico que te conmueva. Léelo en voz alta y luego reflexiona en silencio durante varios minutos. Vuelve a leerlo. Presta atención a las palabras o frases que te impacten. Pregúntale a Dios qué debes aprender de este pasaje. Escucha.
  3. Lleva un diario de oración donde anotes todos tus deseos, necesidades, pensamientos y reflexiones relacionados con tu vida de oración.

 

Algunas de las oraciones más tradicionales y fundamentales de la Iglesia son las siguientes:


Oración antes de las comidas

Bendícenos, Señor, y bendice estos dones que vamos a recibir de tu bondad, por Cristo nuestro Señor. Amén.


Gloria al Padre

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo: como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


El Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.


Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia. El Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.


Acto de contrición

Dios mío, me arrepiento de mis pecados de todo corazón. Al elegir hacer el mal y dejar de hacer el bien, he pecado contra ti, a quien debo amar sobre todas las cosas. Me propongo firmemente, con tu ayuda, hacer penitencia, no pecar más y evitar todo aquello que me lleve al pecado. Nuestro Salvador Jesucristo sufrió y murió por nosotros. En su nombre, Dios mío, ten misericordia.